La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

jueves, 28 de julio de 2016

La evasión romántica

El escritor romántico, por definición, es un insatisfecho, y esta insatisfacción le lleva a buscar otras realidades distintas de la cotidiana. La evasión, característica esencial de la literatura romántica, puede ser en tres direcciones:

A) en el tiempo: los románticos conservadores tienden a escribir novela histórica, ambientada sobre todo
     en la Edad Media, a la que ven como la época perfecta. El principal ejemplo es Sir Walter Scott, pero
     en  España tenemos a Enrique Gil y Carrasco, Francisco Navarro Villoslada, etc.

B) en el espacio: la búsqueda de lugares exóticos va a ser otra constante. Crece el interés por el mundo
     musulmán, con autores como Nerval, pero también por España: Prosper Merimée, Jan Potocki,
     Washington Irving... Por su parte, Chateaubriand, representante del romanticismo conservador,   
     ambientará sus novelas en América, presentando a los indios como el prototipo del buen salvaje.

C) en la mente: aquí tenemos el que posiblemente sea el género romántico más interesante, la novela
     gótica. Sheridan Le Fanu, Mary Shelley, Théophile Gauthier, y, ya a fin de siglo, H. G. Wells -La isla 
     del doctor Moreau- y Bram Stoker -Drácula- pero sobre todo Edgar Allan Poe, nos irán mostrando
     cómo la mente humana es mucho más variada de lo que se suponía.


En cualquier caso no debemos interpretar necesariamente el concepto de evasión como una huida, puede ser, y lo veremos también en autores modernistas, una búsqueda de raíces.