La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

jueves, 12 de junio de 2014

Algunos eufemismos

  No hay duda de que en ciertas situaciones comunicativas puede ser conveniente evitar ciertas palabras, pero hay que tener cuidado, pues a veces se consigue el efecto contrario.

  En latín, la forma usual de designar a una prostituta era scortum, que significaba literalmente pellejo. Era una palabra tan malsonante y ofensiva que en su lugar se usó otra; se pasó a usar putta, que significaba simplemente chica, mujer joven pero que se acabó cargando con todas las connotaciones de la anterior.

 La palabra castellana cerdo proviene de la expresión ganado de cerda, en referencia al pelo de este animal. Fue también un eufemismo, en sustitución de la malsonante puerco y, como era de esperar, acabó siendo igual de malsonante.

 Durante un tiempo estuvo de moda en EEUU referirse a los negros como gente de color. O sea, que la gente de otras razas no tiene color, con lo cual, se sigue insistiendo en la diferencia.

 Tres ejemplos de lo mismo. Desde luego que al producir un mensaje habrá que tener en cuenta cuándo, dónde y a quién lo enviamos -la adecuación, al fin y al cabo- pero procuremos no caer en el puritanismo lingüístico que, al enmascarar los problemas, los agrava.

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