La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

miércoles, 22 de enero de 2014

El regreso

 Para un griego del S. VIII a. Xp. el mundo conocido se reducía a su ciudad, las ciudades griegas vecinas y aquellas ciudades bárbaras donde hubiera algún familiar o amigo suyo emigrado. Éstas se hallaban, por lo general, en la costa asiática, y algo menos en Italia y Sicilia. El Mediterráneo occidental seguía siendo un gran desconocido, y no es extraño que en él se situaran todo tipo de seres prodigiosos: cíclopes, sirenas, ninfas, etc. y que quien desafiara estos límites se arriesgase a ser devorado, o convertido en cerdo.




   Este mar terminaba en el estrecho donde Heracles había colocado sus dos columnas como advertencia, y más allá el Jardín de las Hespérides.

   Odiseo ha cruzado todos los límites, y ha vuelto vivo. Para él las sirenas, los cíclopes, Escila y Caribdis, Circe, etc. ya no son personajes de historias escuchadas desde niño, son antagonistas de carne y hueso. Él los ha visto y ha vuelto para contarlo, lo cual tiene, para quienes le escuchan, un doble efecto: los lugares fantásticos y sus guardianes existen, pero no son insuperables. Empieza la edad del hombre.

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