La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

miércoles, 24 de julio de 2013

Algunas etimologías (II)


  Vamos a hablar un poco más de etimologías, a propósito de dos textos anteriores.

  En el artículo de los roedores hice una referencia a dos nombres científicos de otros tantos miembros de este orden. Uno es Callosciurus, del griego kalos, "bello" y el latín sciurus, "ardilla". Del primero tenemos, entre otros, caligrafía y caleidoscopio y el segundo se perdió, sustituido por ardilla, de origen norteafricano, pero de su diminutivo sciurellus vienen el francés écureuil y el catalán esquirol. El otro era el de la rata de agua: Arvicola sapidus, es decir, "el sabroso habitante de los campos". (Con eso está dicho todo, ¿no?) Curiosamente el adjetivo sapidus se perdió, pero no así su antónimo insipidus.
   Pasando al otro artículo, voy a explicar las frases de Borges. Sarcófago es palabra griega, de sarx, "carne", y phago, "comer", mientras que el pardo -o pantera, de pan, "todo" y ther, "fiera"- era un animal mitológico con cierta tendencia a cruzarse con el león, de donde nacía, claro está, el leopardo.
  Al perderse esta referencia mitológica, hubo que buscar otra explicación al nombre, y puesto que leo se interpretaba enseguida, se dedujo que pardo era algo que el gato manchado tenía y el melenudo no. ¿Qué podía ser? La piel del leopardo consta de un fondo que puede ser blanco sucio, color de arena o gris amarillento, con rosetas formadas por puntos negros en torno a un núcleo rojizo mate. Ese color era el pardo.
  Cómo este color se fue cargando de connotaciones peyorativas daría tema para algunos artículos más.

Texto de los roedores: http://lavidaqueyoveo2.blogspot.com.es/2013/07/cualquier-pretexto-es-bueno.html
 
Texto de Borges: http://lavidaqueyoveo2.blogspot.com.es/search?updated-max=2013-07-19T22:50:00%2B02:00&max-results=7

viernes, 19 de julio de 2013

Lecturas recomendadas (III)

Crónica de una muerte anunciada es uno de esos libros que podemos considerar esenciales para entender el tumultuoso siglo XX. García Márquez es, sin duda, un testigo excepcional de dicho siglo, por esta novela y por otras dos, Cien años de soledad y El otoño del patriarca,  pero hay otros muchos autores que entran en esta categoría:

 BARTOL, Vladimir:  Alamut  
http://es.wikipedia.org/wiki/Alamut

 BRADBURY, Ray: Fahrenheit 451  
http://es.wikipedia.org/wiki/Fahrenheit_451


 BÖLL, Heinrich: El honor perdido de Katharina Blum  
http://es.wikipedia.org/wiki/Heinrich_B%C3%B6ll

CALLENBACH, Ernst: Ecotopía  
http://en.wikipedia.org/wiki/Ernest_Callenbach

CAPEK, Karel: La guerra de las salamandras
http://es.wikipedia.org/wiki/Karel_%C4%8Capek

 FRANK, Anna: Diario 
http://www.annefrank.org/es/

GARY, Romain: Las raíces del cielo, Perro blanco 
http://es.wikipedia.org/wiki/Romain_Gary

GUARESCHI, Giovanni: Don Camilo   
http://es.wikipedia.org/wiki/Giovannino_Guareschi

HUXLEY, Aldous: Un mundo feliz
 http://es.wikipedia.org/wiki/Aldous_Huxley

LLAMAZARES, Julio: Luna de lobos
http://www.epdlp.com/escritor.php?id=3197

ORWELL, George: 1984, Rebelión en la granja   
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/orwell.htm


 Varias de estas novelas son utopías, pero como su visión de una hipotética sociedad futura suele ser pesimista, se acuñó el término distopía para designarlas.

miércoles, 17 de julio de 2013

Algunas etimologías (I)

  Decía Borges, con esa ironía tan típicamente suya, que la etimología nos enseña cosas muy curiosas como que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos, que el leopardo no es el híbrido del león y la pantera y que el germanófilo no es el amigo de los alemanes.
 Aun así, no está de más echar un vistazo a la historia de las palabras, para saber por qué motivos de orden psicológico, social, o de cualquier otra clase éstas cambian de significado, o por puro espíritu lúdico. Lo digo porque el otro día salió este tema en una conversación, y hablamos de algunos curiosos topónimos españoles:

MATAVIEJAS: río del sur de Burgos, afluente del Arlanza. Viene de Matas Viejas, o sea, "bosques viejos".

EL ESCORIAL: no tiene que ver con la basura sino con los robles o las encinas -aesculus en latín, de donde aescularium. 

GUARROMÁN: pueblo de Jaén, del árabe Wad ar-ruman, "río de naranjos".

 La etimología no ha de ser un saber erudito, sino una forma de ver que la realidad es compleja y que las apariencias, con frecuencia, engañan.

martes, 16 de julio de 2013

Cualquier pretexto es bueno

 Los escritores son personas, con sus virtudes y sus defectos, con sus manías, etc. Lo he comprobado hoy mismo: en su artículo en Diario de Navarra, Ramón Irigoyen, a propósito de una carta de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós, dice que la mayor razón por la que admira a Mario Vargas Llosa es la fobia visceral que éste siente por los roedores, y que él comparte.
 En fin, creo que la principal razón para admirar a Vargas Llosa, si hay alguna, es su calidad literaria. Una fobia visceral  me parece más motivo de rechazo que de admiración, sobre todo si, como es el caso, la fobia parece mostrar un cierto nivel de ignorancia.
 Hay roedores bellos -la ardilla justamente llamada callosciurus-, elegantes -el lirón-, graciosos -la marmota y el ratón-, suministradores tanto de pieles -el castor, la chinchilla, la ardilla siberiana-
como de carne -nuestra rata de agua, cuyo nombre científico el sr. Irigoyen entenderá perfectamente, el carpincho, los conejillos de Indias-,  y así hasta más de mil especies.














  Sí, ya sé que ambos autores, al hablar de roedores, no se refieren a tan numeroso colectivo sino a una especie concreta, la más estrechamente ligada a la civilización, la más antropófila. ¿Se han parado a pensar que esta especie, al fin y al cabo, se alimenta de nuestros desechos? ¿Que somos nosotros mismos los que hemos creado esta plaga? Cierto es que difunde numerosas enfermedades, pero si es por eso no hay que olvidar que el SIDA nos lo ha transmitido nuestro pariente más cercano.

 Y todo esto, al final, no era más que un pretexto para recomendar una novela de hace casi veinte años, en la que este odiado comensal nuestro es protagonista y narrador: La rata, del escritor polaco Andrzej Zaniewski.



 Es un libro breve, que puede leerse en dos tardes. Ilustra a la perfección los conceptos de lucha por la vida y supervivencia del más apto, y abunda en referentes mitológicos.