La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sobre noviembre

  Noviembre tiene fama de ser un mes triste, y una de las mejores muestras literarias de tal idea se ve en el primer capítulo de  Moby Dick:

   Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía  y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala.

http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/Melville_Herman_Moby%20Dick_Ed%20perdidas_ilustraciones%20Fernando%20Gallego_jul2010.pdf

(pág. 27)

 Hoy, once de noviembre, era en tiempos paganos la Fiesta del Oso, el día en que éste iniciaba su letargo invernal hasta la primavera. Por tanto, era un día alegre, pues en él se celebraba la renovación de la vida, la conciencia de que el invierno no era muerte sino sueño. Buscando algún texto literario sobre el oso, he dado con estos fragmentos de la entrañable novela El rey de los osos, de James Oliver Curwood, en la que se basó la no menos entrañable película El oso, de Jean-Jacques Annaud:

   "Te aseguro, Jimmy, que no hay en la tierra animal que tenga el pelaje de colores más variados que los osos. He visto osos negros tan blancos como la nieve y osos grises más negros que cualquier oso negro. He visto osos negros de color canela, y también osos grises del mismo color, así como también amarillos, dorados y pardos, de todos los tonos imaginables. Son tan distintos en colores como en sus naturalezas y sus costumbres.

 Por lo que veo, la mayor parte de los naturalistas examinan un oso gris, por ejemplo, y con eso se creen ya autorizados para escribir sobre todos los osos grises en general. Y lo que escriben no es en modo alguno favorable a los pobres animales. No hay un solo libro que no los pinte como bestias temibles y como devoradores de hombres. Pero el oso gris no ataca ni devora nunca al hombre, a no ser que se le irrite. Es tan curioso como un niño, y si no se le molesta, es un animal pacífico. La mayor parte de ellos son vegetarianos, y muy pocos son los que comen carne. He visto osos grises atacar cabras, ovejas y renos, y a otros, en cambio, vivir en una región abundante en caza sin el menos deseo de atacar a los demás animales. Son muy curiosos, Jimmy, y se puede decir mucho de ellos sin tener que decir tonterías.

(...)

 -Pues yo empiezo a quererlos también, Bruce -contestó Langdon después de una ligera pausa-. No comprendo por qué, pero hay algo en los osos que obliga a quererlos. En adelante, cuando hayamos matado a este oso gris que perseguimos, no pienso acabar con ninguno más. Será mi último oso. ¡Y pensar -añadió con ira-, que no hay en todo Canadá una época de veda para los pobres osos! Los matan de todas formas posibles, con veneno, con trampas, de cualquier manera. Se les puede matar tranquilamente en sus cuevas con sus crías, y yo mismo, Dios me perdone, he hecho lo mismo. Somos unos malvados, Bruce. Muchas veces he pensado que el hombre es un criminal por el solo hecho de llevar un rifle. Pero, a pesar de todo, seguimos matándolos.

-Está en nuestra sangre -contestó Bruce sin conmoverse-. ¿Has conocido a alguien a quien no le guste ser testigo de la muerte de los demás? ¿No formamos corro, como cuervos, en torno a un pobre caballo que se muere, lo mismo que cuando un hombre ha quedado destrozado por un accidende? Si no hubiese leyes, ten por seguro, Jimmy, que los hombres se matarían unos a otros por gusto. Esta afición a matar ha nacido con nosotros.
-Y las víctimas son los pobres animales. Tienes razón, Bruce. Y cuando no podemos matarlos, declaramos guerras. 



 http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/curwood.htm

 http://en.wikipedia.org/wiki/James_Oliver_Curwood

 http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2215.html

No hay comentarios: