La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

lunes, 18 de noviembre de 2013

Sobre la literatura germánica

  Jorge Luis Borges y Enrique Bernárdez coinciden en afirmar que la mejor literatura europea medieval es la germánica, y ello, sobre todo,  por dos motivos. El primero porque no es moralizante, no es dualista, en lugar de proponer modelos presenta realidades. Los personajes son complejos, tienen sus luces y sus sombras, y ni los buenos ganan ni los malos pierden. Borges hace ver que los escandinavos no sólo descubrieron América cinco siglos antes que Colón, sino que también inventaron la novela cinco siglos antes que Cervantes, pues la variedad de caracteres, tan típica de las sagas, es la base de la novela.

  ¿Significa eso que estamos ante una literatura moralmente indiferente? De ninguna manera, la realidad será como sea, pero el personaje mantiene su código y sus valores ante el éxito y ante la adversidad. Observa Régis Boyer que la ética vikinga no se basaba necesariamente en el valor sino en la palabra, que Loki, el dios del mal, no era mal visto tanto por ser maligno como por no tener palabra.

 El segundo motivo es el tipo de narrador de esta literatura, siempre observador, nunca omnisciente. Nos muestra a los personajes y sus hechos, pero nada nos dice de lo que pasa por su mente. Eso debe deducirlo el lector, que de ese modo se convierte en cómplice.

 Una paradoja: el más germanizado de los países latinos es, desde luego, Francia, pero resulta que tanto el Cantar de Mio Cid como el Cantar de los siete infantes de Lara son, curiosamente, obras mucho más germánicas que la Chanson de Roland.

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