La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

martes, 5 de noviembre de 2013

La jura de Santa Gadea

Éste es uno de los más famosos romances medievales:

http://www.poesi.as/indx0023.htm

Lo primero que hay que saber de este texto es que es falso: la jura de Santa Gadea nunca tuvo lugar. ¿Por qué desterró entonces el rey Alfonso a Rodrigo Díaz de Vivar? Por algo mucho más prosaico: haberse quedado dinero de unos impuestos, lo que demuestra que hace mil años las cosas no eran tan distintas a las de ahora. Pero claro, el héroe de un poema épico no podía ser corrupto.
Por tanto este texto es útil para ver la mitificación de personajes históricos, o por lo menos la idealización de personajes que tuvieron luces y sombras. Suelo decir que con el Cid pasa como con Jesucristo: alguien tuvo que fundar la religión cristiana, pero de ese alguien, ¿hay que creer todo lo que cuentan los Evangelios? Del mismo modo, Rodrigo Díaz de Vivar es un personaje histórico pero el Cid, aun llamándose igual, es un personaje literario.

El Cid llega a amenazar de muerte al rey, y añade circunstancias que pueden hacer más deshonrosa la muerte, así en los versos:

Villanos mátente, Alfonso,
 villanos, que non fidalgos.
De las Asturias de Oviedo,
que no sean castellanos.

Ni siquiera hidalgos, el grado más bajo de nobleza, sino villanos habían de ser los ejecutores, y encima asturianos. Se ve que en aquella época morir a manos de un asturiano debía ser la mayor deshonra. Y eso que la mujer del Cid era asturiana.

Los instrumentos de la muerte también aumentan la deshonra:

Mátente con aguijadas,
no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados. 

Para empezar, el Cid ni siquiera menciona la espada, el arma noble, y excluye a continuación las armas de los infantes, lanzas y dardos (1), para nombrar la aguijada, el palo de guiar a los bueyes, lo que supone nada menos que animalizar al rey. Y vaya animalización: un animal manso, cornudo, castrado y de no mucha inteligencia.
En todo caso abre la posibilidad del uso de otra arma, aunque villana al fin y al cabo: cuchillos cachicuernos, de categoría evidentemente inferior a puñales dorados
Unos cuantos siglos después, García Márquez contará esto mismo en Crónica de una muerte anunciada: los gemelos Vicario matarán a Santiago Nasar con cuchillos porqueros.

(1) Es de suponer que este término englobaba dardos de mano, flechas, proyectiles de ballesta...

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