La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

martes, 19 de marzo de 2013

Lecturas recomendadas (II)


Vamos a ver la influencia italiana en la poesía española del Siglo de Oro, influencia cuya cumbre, sin duda, es el soneto, al que algunos consideran la forma perfecta de poema. De hecho, raro es el poeta español o hispanoamericano que no ha escrito algún soneto, aunque sea, simplemente, como ejercicio de estilo. Porque, ¿quién puede resistirse al reto de condensar una idea en catorce versos?
 En esta interesante antología elaborada por el escritor Luis Antonio de Villena figura un centenar y medio de sonetistas, entre ellos, no por casualidad, los mejores poetas hispanohablantes de los últimos cinco siglos: Garcilaso de la Vega, Fernando de Herrera, Fray Luis de León, Góngora, Quevedo, Lope de Vega, Sor Juana Inés de la Cruz, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, los hermanos Machado, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Jorge Luis Borges, Gloria Fuertes, Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Hierro- así como varios practicantes de otros géneros que, como decíamos arriba, no han podido resistirse: Cervantes, Samaniego, Cortázar...
 No es un libro que se deba leer de un tirón, ni siquiera en orden cronológico, sino abriéndolo al azar y deteniéndose cuanto haga falta en cada página. Es difícil poner aquí un soneto representativo, pues ello supondría la antología de la antología, la condensación de la condensación, así que quizás lo mejor sea ver cómo se hace un soneto, magistralmente explicado por Lope de Vega:


Un soneto me manda hacer Violante,
en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy en la mitad de otro cuarteto,
Mas, si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aún sospecho
que estoy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

 Un buen ejemplo de esa visión lúdica de la literatura, que tanto mostrarán los autores barrocos.

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