La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

miércoles, 6 de febrero de 2013

EL DISPARO PARTO



  La batalla de Alarcos (19 - VII - 1195) fue la última gran victoria musulmana sobre los cristianos y, a pesar de su escasa trascendencia, se recordó por mucho tiempo, como prueban, siglo y medio después, los versos del Arcipreste de Hita:

  ...más negra fue ésta / que non la de Alarcos.

y otro siglo más tarde, los de Manrique:


  Los placeres e dulçores
desta vida trabajada
que tenemos
no son sino corredores *
e la muerte la celada
en que caemos. 
 Non mirando a nuestro daño
corremos a rienda suelta
sin parar.
Desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
no hay lugar. 

 Estos últimos hacen referencia, precisamente, a la trampa que los musulmanes tendieron a los cristianos mediante una táctica tan vieja como eficaz, que los árabes llamaban karr wa farr (carga y repliegue) y en castellano se denominó tornafuye. Veamos cómo nos la cuenta Juan Eslava Galán en su libro Historia de España contada para escépticos:

 El ejército cristiano resultó aniquilado. A los errores tácticos de sus generales cabe sumar los devastadores efectos de una nueva y mortífera arma almohade: un nutrido cuerpo de arqueros turcos contratados en Oriente. Estos sujetos eran capaces de disparar sus flechas con impresionante potencia, puntería y cadencia de tiro desde la misma grupa de las cabalgaduras lanzadas a galope. Curiosamente, la misma táctica de los partos que en la Antigüedad habían derrotado a griegos y romanos.

 Y así se explica que don Quijote le dijera a Sancho, mostrándole los dos "ejércitos":
                                                          
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     ...los partos, los medos, que pelean huyendo;





 Aunque en tiempos de Cervantes fueran los turcos los que llevaban a cabo esta táctica.













*La palabra corredores puede ser un falso amigo. Al leerla hoy podemos pensar en pasillos estrechos, ideales para tender una trampa, pero entonces designaba a los soldados de caballería ligera -arqueros a caballo en este caso- cuya principal función era reconocer el terreno y hostigar al enemigo.

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P.D.: Como sabemos, el nombre persa de la flecha, tigra, designa desde muy antiguo a un río y a un animal.









Pero las palabras cambian con el tiempo, de modo que los persas contemporáneos del Imperio Romano habían convertido tigra en tir, y así aprendieron los romanos esta palabra en el curso de sus guerras con los partos. Tanto impresionó a los romanos la destreza de los jinetes iranios en el manejo del arco que crearon a partir de dicho término el verbo tirare, cuyo primer significado fue "lanzar flechas", y luego se amplió, pasando a significar primero "lanzar cualquier proyectil", y por último "lanzar cualquier objeto, normalmente hacia abajo".
  ¿No resulta interesante saber que tigre y tirar son, etimológicamente, la misma palabra?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen artículo, si señor.

Anónimo dijo...

Buen artículo, me ha gustado.

Anónimo dijo...

Buen artículo.
Me ha gustado mucho, y me ha ayudado a entenderlo.