La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

viernes, 11 de enero de 2013

Un tótem





  Como veíamos en el Romance de la loba parda, el simbolismo de los animales, relacionado o no con sus costumbres, es recurrente. El hurón no tiene mucha fama pero resulta especialmente simpático con su cara blanquinegra y su figura esbelta, que se curva de forma tan peculiar cuando cruza el camino de dos saltos o se estira cuando entra a cazar roedores y conejos dentro de sus madrigueras. Esta costumbre ha dado origen al verbo huronear, y por eso podemos hacer de él un símbolo del navegante que recorre internet, entrando en todas aquellas páginas donde cree que pueda haber algo interesante.
 Pero el hurón no sólo es curioso, también es valiente, hasta el punto de que incluso lobos y águilas vacilan en atacarle. Si por casualidad se encuentra con una serpiente, la muerde rápidamente en el cráneo y se limita a mantener la presión. Por muchas vueltas que dé la serpiente, ya está sentenciada.
 Insisto, aunque no esté en la lista de los animales famosos, el hurón merece su valor simbólico, pues despliega dos cualidades, curiosidad y audacia, muy útiles para salir adelante.

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