La vida que yo veo

Éste es el blog de Javier Pérez, profesor de Lengua y Literatura del IES "Pedro de Ursúa" de Mendillorri (Pamplona)

domingo, 13 de enero de 2013

Slovo o polku Igoreve (Cantar de las huestes de Ígor)







Ígor conduce a su ejército hacia el Don. Ya avizoran su desgracia los pájaros en los robles. Los lobos, en los barrancos, presagian la tormenta con sus aullidos. Con su griterío las águilas convocan a las fieras para devorar los huesos. Los zorros ladran a los escudos de color escarlata.

¡Oh, tierra rusa, ya has quedado tras la colina!











Dormita en la estepa el bravo nido de Oleg,
lejos ha volado.
¡No fue engendrado para que le afrentase el halcón,
ni el gavilán, ni tú, cuervo negro, cumano pagano!
Gza huye como un lobo gris,
Koncak sigue sus huellas hacia el gran Don.

Al día siguiente, muy temprano, las albas sangrientas anuncian el amanecer.
 Negras nubes viene desde el mar, a cuatro luminarias quieren ocultar, y tiemblan en su interior azules relámpagos.
¡Sonará un trueno! ¡Caerá una lluvia de flechas sobre el gran Don!
 Aquí las lanzas han de quebrarse, aquí se mellarán las espadas contra los escudos, cerca del gran Don.

¡Oh tierra rusa, tú ya estás tras la colina!





He aquí a los vientos, nietos de Stribog, que soplan flechas desde el mar sobre la valiente hueste de Ígor.
La tierra ruge, los ríos turbios fluyen, el polvo cubre la anchura de los campos.
Las banderas anuncian: ¡Los cumanos vienen desde el Don y desde el mar!
Y por todas partes han rodeado a la hueste rusa.
Los hijos del Diablo, ululando, cerraban los campos mientras los valientes hijos de Rusia los cerraban con sus escudos escarlata.




En efecto, los cumanos atacan a derecha e izquierda, practicando sus viejas tácticas hasta que logran que los rusos rompan su formación; así, lo que era una batalla entre dos     
 ejércitos se transforma en una suma de duelos, en la que los   
  armados a la ligera llevan ventaja.

















A propósito de las tácticas cumanas:

http://lavidaqueyoveo2.blogspot.com.es/2013/02/el-disparo-parto-la-batalla-de-alarcos.html
                                                                           
        
¡Oh Vsévolod, uro furioso!
Estás firme en la pelea,
lanzas flechas contra los paganos,
golpeas sus yelmos con espadas francas.
Donde te arrojaste tú, bravo uro,
yacen las cabezas paganas de los cumanos.
                                                                   
                                                                            



Pero el valor de Ígor, de su hermano Vsévolod y de los guerreros que les acompañan sirve de poco ante la fiereza  y la tenacidad de los cumanos.













Hecho prisionero el príncipe Ígor y aniquilado su ejército, los cumanos celebran la victoria. Varias ciudades rusas serán saqueadas.












Pero Ígor, con la ayuda de un cumano llamado Vlur, logra escapar, frustrando así las esperanzas de los cumanos de obtener por él un buen rescate:

   Vlur robó un caballo y silbó tras el río a medianoche, para dar la señal al príncipe. ¡Ya no está preso el príncipe Ígor!
    Se estremece la tierra, cruje la hierba, se agitan las tiendas cumanas.
    Mientras el príncipe Ígor, como un armiño, se arrojó a los juncos, y como un somormujo al agua.
    Saltó sobre su rápido caballo, y de él se apeó como un gran lobo de patas blancas.
     Se precipitó hacia la pradera del Donec, como el halcón que vuela entre las nubes, y mata gansos y cisnes para el desayuno, la comida y la cena.
   Mientras Ígor volaba como un halcón, como un lobo Vlur corría y se sacudía el rocío helado; ambos reventaron a sus veloces corceles.